Claves para entender nuestra riqueza petrolera

Raymond Gutiérrez  /

Es poco común que un abogado sea experto en petróleo. En nuestra historia, el profesional del derecho que más destacó en esa área fue el caraqueño Juan Pablo Pérez Alfonzo (1903-1979), popularmente conocido como el “Padre de la Opep”. Su legado consistió en garantizar la autonomía y el liderazgo de los países productores sobre sus propias industrias, frente a los intereses de las empresas transnacionales. Nosotros –sin pretender igualarnos a tan prestigioso profesor y exministro– dimos nuestros pininos en ese mundo del petróleo (del griego pétra y élaion, literalmente: aceite de roca) mediante el taller “Operaciones petroleras para no petroleros”, dictado en 1995 por Corpoven, entonces una filial de Pdvsa.
De entrada, resulta oportuno citar la frase del filósofo hispano-estadounidense George Santayana (1863-1952): “Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”, acuñada en su obra “La vida de la razón”, la cual nos impone a los venezolanos la obligación de saber sobre el petróleo y sus procesos de exploración, producción, refinación y comercialización. Ese “excremento del diablo” –como críticamente lo llamaba Pérez Alfonzo– ha sido desde 1917, para bien o para mal, el principal generador de divisas del país; comprendiendo que el petróleo, crudo u “oro negro” es una mezcla de compuestos orgánicos, principalmente hidrocarburos insolubles en agua, producidos en el interior de la Tierra por la transformación de materia orgánica acumulada en sedimentos geológicos que se agrupan en trampas naturales de donde se extraen mediante la perforación de pozos. Asimismo, es una regla geológica que donde hay petróleo suele haber gas (mayormente metano) y agua.
Profundizando en el tema, lo primero que debemos recordar es que, de acuerdo con nuestra legislación, el suelo puede ser objeto de propiedad privada o pública, pero el subsuelo pertenece siempre y exclusivamente al Estado. Actualmente, Venezuela cuenta con 7 cuencas petroleras principales: Golfo de Venezuela, Lago de Maracaibo, Falcón, Barinas-Apure, Oriental, Cariaco (o Tuy-Cariaco) y Faja Petrolífera del Orinoco, que albergan crudos livianos hasta extrapesados. Sobre esta última, el Consejo Mundial de Energía (WEC, por sus siglas en inglés) señala que contiene el 90 % del crudo extrapesado del mundo. Sin embargo, poco se ha explicado sobre sus detalles técnicos e implicaciones en la industria global. Es harto conocido que este hidrocarburo es vital para nuestra economía y política exterior, al ser el sector que genera la mayor parte de las exportaciones y contribuciones fiscales.
Es preciso mencionar que el petróleo se utiliza para diversos fines: transporte, gas combustible (en refinerías), gas licuado (hogares) e industria petroquímica (solventes, alcoholes y plásticos); y a partir de su refinación se utiliza como fuente de energía: el 90 % se opera para generar productos combustibles (gasolina, gasoil, fueloil y queroseno) y también se obtiene gas licuado de petróleo, aceites pesados, parafinas y asfaltos, entre otros; siendo Estados Unidos de América, China e India sus principales consumidores mundiales.
Empero, resulta que el petróleo –a la sazón, una mezcla de hidrocarburos de diferentes pesos y estructuras moleculares, desde sustancias simples y volátiles hasta compuestos asfálticos– se clasifica según sus grados API (siglas en inglés del American Petroleum Institute) en las siguientes categorías: liviano (con gravedades superiores a 31,1°), mediano (entre 22,3° y 31,1°), pesado (entre 10° y 22,3°) y extrapesado (menores a 10°). La gravedad API es una medida de densidad que indica la relación entre el peso del petróleo y el del agua a la misma temperatura. Los valores superiores a 10 indican que el petróleo es más liviano que el agua y flotaría en ella. También, según su producción, características y lugar de comercialización, el crudo se clasifica en: Brent (referencia para el mercado europeo), de alta calidad, liviano y conocido en la jerga petrolera como “dulce”, por su bajo contenido de azufre; West Texas (referencia para el mercado de los Estados Unidos de América), de muy alta calidad, liviano (39,6° API) y dulce (solo 0,24 % de azufre); Dubái (referencia para el mercado asiático), de baja calidad, pesado y de alto contenido en azufre; y, Cesta Opep (referencia de una media aritmética de 7 variedades de crudo: Saharan Blend, de Argelia; Minas, de Indonesia; Bonny Light, de Nigeria; Arab Light, de Arabia Saudita; Dubái, de Emiratos Árabes Unidos; Tía Juana Light, de Venezuela; e Isthmus, de México), de calidad media-baja. El petróleo liviano (Brent –hoy a 60,35 $ promedio por barril– y West Texas –56,45 $–) es el más comercializado a nivel mundial y el que se vende a mayor precio. Por cierto, un barril de petróleo equivale a 158,98 litros o 42 galones (USA), capacidad totalmente diferente del que en nuestro país se le conoce como barril, pipa o tambor, de 220 litros.   
Sin embargo, nuestras reservas probadas de petróleo certificadas por la Opep en aproximadamente 263 millones de barriles en la Faja Petrolífera del Orinoco –situada en partes de los estados Anzoátegui, Delta Amacuro, Guárico y Monagas y comprende 55.314 km2, desde el suroeste de la ciudad de Calabozo hasta la desembocadura del río Orinoco en el océano Atlántico– es petróleo extrapesado (y betún natural), cuya principal característica es que no fluye con facilidad dada su densidad o peso específico, mayor que la del petróleo liviano y cuyo proceso de refinación (por fases de destilación, que consiste en calentar el petróleo en un horno y hacer que pase hirviendo por torres altas) es altamente costoso: en la primera fase, se deshidrata el petróleo y se eliminan los asfaltenos; para ello se añade solvente, se elimina el agua libre, se calienta, se agregan aditivos para romper la emulsión y se asienta para eliminar el agua emulsionada; y en la segunda fase, se extraen los asfaltenos, utilizándose para ello contactores o mezcladores estáticos en línea y un sedimentador. Como se observa, el extrapesado no se trata del mejor petróleo, dado que es el liviano el que se extrae mucho más económicamente y se vende muy fácilmente a precios más altos, abundando las refinerías para este tipo de crudo. Por el contrario, el oro negro extrapesado conlleva actividades industriales de producción, transporte y refinado que son especialmente complejas en comparación con las del liviano, pues ese tipo tiene una viscosidad muy extrema: menor a 10° en el índice API, por lo que es necesario añadirle un costoso diluyente a distancias regulares del oleoducto a fin de facilitar su circulación, dado que tiende a solidificarse en esa tubería de transportación. En muy pocos países existen las refinerías de craqueo térmico o catalítico (que descomponen las moléculas de hidrocarburos más grandes en otras más pequeñas, lo que permite convertir residuos pesados en productos más valiosos como gasolina y diésel), siendo estas las adecuadas para hidrocarburo pesado y extrapesado.
No obstante, Venezuela posee la experiencia de la Orimulsión, un logro excepcional del Intevep (filial tecnológica de Pdvsa) durante las dos últimas décadas del siglo XX. Ese combustible innovador, compuesto por 70 % de bitumen y 30 % de agua con un surfactante, fue diseñado para la generación eléctrica. En su momento, fue considerado el “cuarto combustible fósil” del mundo (junto al carbón, petróleo y gas) por su alto valor calorífico y eficiencia logística, representando un hito en la soberanía tecnológica nacional.
Para cerrar, es útil referirnos a la gastada hipótesis según la cual: el petróleo y su consumo se va a acabar. Aunque es un asunto muy debatido en el mundo energético, somos de la investigada opinión que ninguna persona que nos honre leyendo este artículo verá con sus propios ojos ese final, pues hoy está comprobado que existe crudo y consumo para –cuando menos– cinco décadas más. Incluso, en 2025 la producción y venta de los vehículos totalmente eléctricos se ralentizó y fue en descenso. Si hubiere dudas al respecto, indáguese –por ejemplo– sobre las ventas de Tesla Inc., que exhibe una gran paradoja: los vehículos eléctricos no se venden, pero tiene el más vendido en el mundo.
















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